A veces pensamos que empezar de cero es borrar todo lo anterior. Yo he aprendido que, en realidad, es elegir qué quiero llevar conmigo.
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Empezar de cero no es olvidar quién fuiste. Es decidir quién quieres ser a partir de ahora.
Hay días en los que todo se vuelve demasiado ruidoso. Las obligaciones, las expectativas, los «deberías» que nos repetimos sin darnos cuenta. Y de pronto, algo dentro de ti susurra: basta. Esa fue mi señal.
No hubo un gran portazo ni una maleta hecha a medianoche. Hubo, más bien, una suma de pequeñas renuncias: a un trabajo que me apagaba, a una ciudad que ya no me reconocía, a la costumbre de pedir perdón por querer otra cosa.
Lo más difícil no fue irme. Lo más difícil fue elegir qué guardar. Me quedé con mis libros, con dos amigas que nunca preguntaron «¿estás segura?», y con una versión de mí misma que tenía olvidada: la que escribía por las noches.
Empezar de cero da miedo porque creemos que partimos de la nada. Pero nadie empieza de la nada. Empezamos desde todo lo que hemos vivido, con las manos un poco más libres.
Lo he leído dos veces. Me lo guardo.
Nadie empieza de la nada. Qué verdad tan grande, Clara.
Gracias, Marta. Me hace mucha ilusión que te haya llegado.