Me propuse pasar una semana mirando las cosas el doble de tiempo de lo habitual.
El primer día me pareció absurdo. El segundo, incómodo. El tercero descubrí que en mi portal hay una golondrina que anida desde hace años.
Al final de la semana tenía una lista de cuarenta y dos cosas que llevaban ahí toda la vida. Ninguna era extraordinaria. Todas eran preciosas.
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