Mi abuela decía que la vida se sostiene con alfileres. Tardé años en entender que no hablaba de fragilidad, sino de detalles.
Un mensaje de buenos días. La mesa puesta aunque cenes solo. Regar las plantas los domingos.
Cuando todo lo grande falla, son esos alfileres los que mantienen el dobladillo en su sitio. Hoy tengo una caja llena. Y cada vez que uno se cae, mi abuela me enseñó a no maldecir: solo agacharse y volver a ponerlo.
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