No elijo las ideas, ellas me eligen a mí. Aparecen en la ducha, en la cola del supermercado o justo cuando apago la luz para dormir, que es su momento favorito.
Al principio intentaba ignorarlas, confiando en que volverían en un horario más razonable. No vuelven. Las ideas son como los pájaros: si no las miras cuando se posan, se van a otra ventana.
Por eso ahora llevo siempre una libreta encima. Apunto dos palabras, una flecha, un garabato. Y se quedan rondando hasta que les hago un hueco en estas páginas.
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