Todos los lunes, a las seis en punto, la casa del final de la calle enciende una luz en la ventana del segundo piso. El resto de la semana permanece a oscuras.
Nora tenía nueve años y una libreta de detective. Tardó un invierno entero en descubrirlo: era la señora Amparo, del cuarto, que subía cada lunes a leerle en voz alta a su marido, aunque él ya no estuviera. «Los lunes eran nuestros», le dijo. Y Nora, que era muy seria para esas cosas, tachó el caso de la libreta y escribió al lado: «Resuelto. No contar a nadie».
Y colorín colorado… ¡gracias por haberlo acabado!
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